Rascacielos | 2016

Rascacielos

Cartel temporada El umbral de Primavera | 2017

sinopsis

A Marcello le dicen que se presente allí y él, arrastrado por cierta inercia, termina en el piso cuarenta y pico del rascacielos que le ha tocado habitar. Entonces, le corresponde una vida normal, pautada, de clase media, sin grandes lujos, sin grandes precariedades, normal entre los que tienen voz y como normal, ha de aceptar vender su tiempo a cambio de no preguntarse por él ni por sí mismo. ¿Cómo consigue el rascacielos que Marcello no se cuestione su existencia, su tiempo, ese mismo que le pone años, arrugas y disgustos encima, ese mismo que asfalta el camino hacia la única certeza humana? Tal vez sea porque los rascacielos son siempre una encrucijada cavando en silencio. ¿Hay alguna salida posible?

Serpentea la madera y zigzaguea el azufre, pero seguirás diciendo vale, siempre. Y no habrá descanso. Tápate los ojos, contrata Netflix, mastúrbate, ve a misa, ten un nene, y, compra, cualquier cosa, pero compra siempre. Es igual, hagas lo que hagas, no habrá descanso. Y ¿por qué? Porque si no sentís el latido de las paredes de tu hogar, quizá sea porque en el hogar de tu pecho no corra la sangre. No nos alarmemos, lo más probable sea que estés como la gran mayoría y hayas tenido que empeñarla como garantía para tu hipoteca.

reflexión

Pero maestro, ¿de qué vamos a escribir entonces si no contamos una historia? ¡El ser humano siempre cuenta historias! Además, ¿así no estaríamos yendo en contra del principio del curso? Es decir, nos hemos inscrito en su taller para aprender a escribir historias utilizando oraciones que alcancen el final del renglón, eso anunciaba su eslogan, no para trabajar oraciones sin sentido como si fuésemos vanguardistas. Estamos ansiosos por escribir argumentos desenfrenadamente, cosas que enganchen. Pum. Te lees una página. Pum. Y la otra. Pum. Compras. Pum. Best seller. Pum. Ya sabes.

Fragmento extraído del texto Rascacielos.
Publicado por Editorial Contraforma | 2026

Fazio

Azelio

Paciencia, Fazio, paciencia. Primero hemos de desprendernos de lo que nos ata, de lo que nos encorseta, de lo que nos obliga a narrar como si sólo pensásemos en suspiros, con prisa y para el lucro. Se trata de decir por desvelar, no de decir por contar cualquier mierda, como que tu madre se murió de cáncer o lo mal que lo pasaste cuando te dejó tu novia.

Ilia

¿Algo así como presentarnos nuevamente?

Azelio

No lo sé, eso es decisión vuestra.

Marcello

¿Y quién sienta no tener nada importante qué decir?

Azelio

Ese sí sabe de lo que trata la literatura, el arte. Entonces ése escribirá sin consuelo hasta que cartografiado su cuerpo entero decida darse por vencido.

Fazio

Pues yo creo que hablaré de una tarde en el zoológico. Los leones se escapan. Caos entre los visitantes. Una madre pierde a su hijo y en medio de la estampida conoce a un valiente hombre que se dará la vuelta junto a ella y enfrentará los temibles colmillos de uno de los felinos donde su hijo agoniza. ¡No! Mejor una niña, que suele crear mayor empatía con el publico por su doble vulnerabilidad. La niña sobrevive pero él no, y la mujer, locamente enamorada, vivirá el resto de sus días tratando de hallar el modo de rencontrarse con él, aunque sea en la otra vida. Ahí tengo una segunda parte para el ejercicio del siguiente día.

galería

propuesta escénica

La localización espacial de un texto dramático no deja de ser un punto equívoco y confuso que se despliega ante la necesidad de un marco, de un relieve que precisa la observación lejana del cuerpo humano, y es que aunque hablemos de una austera caja negra, esta caja negra continúa siendo una localización espacial concreta que determina un despliegue preciso de sensaciones. Tal vez, ante la obligación teatral de delimitar de tal modo la imaginación del ojo ajeno (dándole a un personaje una característica voz o un determinado color de pelo), pueda sentirse la acción escénica encajonada en un solo estado de cosas respecto a los muchos posibles (Raskólnikov, aunque descrito minuciosamente, nunca será el mismo Raskólnikov físico para todos), recurso que sin duda explota la literatura y del que queda huérfano el texto dramático al ser subido a escena. Pero entonces, el teatro pone en funcionamiento otro sinfín de lenguajes que pronto pueden, en ciertas ocasiones, erigirse como un sensorio tan extenso como el propio del soporte escrito. ¿Acaso la confrontación de tantas creatividades reunidas en un solo punto no ha de tornarse inquietante? Es decir, en la literatura no existe la amistad ni la rivalidad ni la enemistad, tú imaginas y te abandonas, en cambio, en el teatro, has de partir desde un todo planteado, invasivo y corrosivo, al que has de enfrentarte como parte de la poíesis expectatorial que te es encomendada al formar parte de un público que se torna parte imprescindible en el gesto teatral completo, siendo aquí pertinente señalar que la diferencia radica en que las orillas (creación-recreación) en el campo de la literatura pueden estar separadas, es decir, no es necesario que ambas coincidan en un tiempo y en un espacio.
En cambio, el teatro es la reunión espacial y temporal de ambas orillas. Quien asiste a un montaje teatral ha de enfrentar la representación de un acontecimiento posible conteniendo un mensaje, un hilo capital, acomodado en una determinada exposición física, en una variable encorsetadamente referenciada. Así bien, teniendo en cuenta que tanto la personificación de los personajes como la materialidad del entorno donde se desarrolla la acción forman parte de un conjunto de sensaciones específicas que recortan los ojos, los oídos, el tacto de un receptor concreto, la escenificación de la obra Rascacielos juega con el simbolismo de sus componentes contenidos y trata de explotarlos sin acotarlos en una materialidad específica, es por ello que el rascacielos donde se resuelve la acción dramática es un plano indeterminado de una relativa porción de escenario, sin que en ella queden diseñados más trazos que los necesarios para dar salida a unos personajes encarnados. Hablamos por tanto de una especie de caja por terminar que delimita el espacio por donde caminan los personajes reales de la obra (los que no son reales se salen de ella) y de un sofá vestido de negro, como todos los muebles, como los personajes mismos que no representan la ficción, a excepción de sus calcetines, nota de color diferente en todos que trae a colación la ilusión de la personalidad en nuestra sociedad occidental. Nuestro principal fundamento es que la poíesis expectatorial se practique desde la recepción de unos elementos determinantemente vagos que configuren el espacio únicamente en una medida tridimensional y en última instancia desde los ojos que modulan toda la obra, los propios ojos de Marcello que son los que narran esta historia de encuentros desde sus personales pupilas que lo caricaturizan todo tratando de comprender este chiste que es la vida.

cajón de sastre

*texto, dosier, críticas, opiniones, grabación completa

Texto:
Rascacielos, de Moisés Afer.

Próxima publicación por Editorial Contraforma | 2026

Dosier:
Versión en castellano.

Opiniones:
Critica especializada y plataformas de venta.

Elenco |
Rebeca Arias.
Sixto Cid.
Iván González.
Tomás Jara.
Covi León.
Gabino Martín.
Manuel Morales.
Mar Múñoz.
Paola Rossi.
Natalia Sanz.
Óscar Silva.
Esther Tallada.
Bárbara Vergara.

Texto, dirección y propuesta escénica | Moisés Afer.

Producción |
Asociacion Cultural Saltea.
Juntacadáveres, A.C.

Fotografía |
David Arias.
3enfoques.

Iluminación |
Tomás Jara.

Figurinista |
Milagro Olivares.

Agradecimientos |
Antonio Arias.
Pablo Sánchez.
Elena Vargas.
Casa de Teatro Malayerba, Quito.
El texto Rascacielos fue concebido en los talleres impartidos por Arístides Vargas en 2014 y 2015.

Género |
Tragicomedia.

Duración |
90 min.

Edad recomendada |
+16.

Estreno |
10.03.17
C.C.Pablo Iglesias.
Alcobendas, Madrid.

Temporadas |
oct.17
El umbral de primavera, Madrid.

ficha artística

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